Coronavirus y obesidad una receta mortal



México se encuentra peleando dos pandemias diferentes. En estos momentos la pandemia más obvia, la que puedes ver si sacas la cabeza por la ventana y ves a la gente con cubre boca o si asistes a un restaurante o café y te dan gel antibacterial y te toman la temperatura, es la pandemia por COVID19, la enfermedad del momento. Para estos momentos las estadísticas de John Hopkins muestran que en el país se han infectado 4.13 millones de personas y han muerto 300 mil a causa del coronavirus. Toda nuestra atención está sobre el COVID19 la enfermedad que queremos borrar de la faz de la Tierra; aunque posiblemente no lo logremos hacer. Sin embargo, México está combatiendo otro gran problema de salud, la epidemia de la obesidad. Si observas un mapa epidemiológico de los 90s verás que en esos tiempos entre 50% y 60% de la población adulta de México tenía sobrepeso u obesidad. Hoy en día ese mapa muestra que 70% de la población adulta de México tiene sobrepeso. México es el segundo país con más obesidad solo superado por nuestro vecino del norte Estados Unidos. Ambos problemas por separado son grandes, pero juntos hacen una receta mortal. Tener obesidad y COVID19 es jugar un juego mortal donde el desenlace es la terapia intensiva o peor la muerte porque se ha visto que la obesidad es predictiva para los casos más graves de coronavirus. Ya que la obesidad y el coronavirus hacen una receta tan mortal dediquemos un poco a ver qué es el coronavirus y por qué es tan mortal en personas que sufren de obesidad.

Qué es un coronavirus


Los coronavirus son en realidad una familia de virus que tienen la capacidad de infectar tanto a animales como a humanos. Se llaman coronavirus por su estructura ya que es una esfera con unas salientes llamadas proteínas S, estas proteínas S hacen que parezca que el virus tiene una corona.


Aquí puedes ver al coronavirus bajo un microscopio electrónico. Ves como hay una esfera y alrededor de esta hay una salientes que parecen unas bolitas amarillas pues esas son las proteínas S que hacen que el coronavirus parezca tener una corona.


Hoy en día conocemos 7 coronavirus que pueden infectar al humano. El coronavirus es un descubrimiento relativamente reciente, el primer coronavirus se descubrió en 1965 y por un buen tiempo creímos que el coronavirus no sería un grave problema ya que parecía solo causar resfriados comunes, nada de qué preocuparse. Esa falta de preocupación cambió en el 2002 cuando apareció el SARS-CoV que a diferencia de sus hermanos no causaba una gripe cualquiera, sino que causaba SDRA o síndrome de dificultad respiratoria aguda el cual causaba un gran daño pulmonar. No obstante, se logró controlar solo afectando a 25 países y alrededor de 8 mil infectados, pero ese coronavirus nos mostró que esa familia de virus podía ser toda una tómbola entre resfriados comunes o un cataclismo pulmonar. Ahora nos encontramos en una pelea con el SARS-CoV 2 mejor conocido como COVID 19 que sin duda tiene la capacidad de ser mortal.


COVID 19 y su relación con la obesidad


Una persona con obesidad tiene mucha más probabilidad de terminar hospitalizada por el COVID 19. Se calcula que tener obesidad aumenta hasta el 74% la probabilidad de terminar en el área de terapia intensiva si se tiene COVID 19. Si estar en terapia intensiva no fuese poco, también se encontró que la obesidad es predictiva para necesitar ventilación mecánica. Los estudios han visto que el 66% de los pacientes con obesidad terminan necesitando ventilación mecánica. La ventilación mecánica en términos muy simples es cuando una máquina se encarga de respirar por ti, esta máquina mueve oxígeno a los pulmones y saca el dióxido de carbono porque como sabrás necesitas oxígeno para sobrevivir ya que el oxígeno es lo que usan las células para producir energía. Por su lado el dióxido de carbono es un producto de desperdicio que se crea por respiración celular el cual debe ser eliminado del cuerpo ya que es tóxico para nosotros. Ya por sí solo una máquina ayudándote a respirar no suena cómodo, pues todavía es peor porque para lograr la ventilación mecánica se necesita intubar a la persona. Intubar es el procedimiento donde se inserta un tubo en la tráquea para apoyar la ventilación pulmonar. Como puedes observar no suena nada cómodo. El coronavirus aumenta la probabilidad de terminar en terapia intensiva, también aumenta el riesgo de terminar intubado con respiración mecánica, pero ¿cuál es el pronóstico? La respuesta como podrás ir adivinando no es buena. Se encontró que tener obesidad aumenta en 44% la probabilidad de morir por coronavirus 19. Por lo tanto, tener obesidad y coronavirus es una receta catastrófica.



Por qué es tan malo el COVID 19 en personas con obesidad


Estar con obesidad o con sobrepeso es malo para la salud, pero dudo que necesites que alguien te lo diga, no se ve sano, no se siente sano, no es sano. La obesidad es una enfermedad causada por la acumulación anormal de grasa en el cuerpo que lleva a fallas metabólicas e inmunológicas. Hasta hace poco se consideraba que el tejido graso era un tejido bastante inerte cuya única función era guardar grasa para usarla posteriormente. Sin embargo, hoy en día nuestra comprensión del tejido graso es mucho mayor. Ahora sabemos que no es un tejido que no hace nada, en su lugar sabemos que produce hormonas por lo que ha entrado a pertenecer al sistema endocrino. Por otro lado, sabemos que produce unas sustancias llamadas citocinas que son proteínas que forman parte del sistema inmune y ahí está parte de la respuesta de por qué la obesidad es un boleto a una enfermedad grave por COVID 19. Veamos las varias de las razones sin adentrarnos demasiado en ellas porque eso nos llevaría mucho tiempo.


Un problema con el receptor ACE2. El receptor ACE2 forma parte del sistema hormonal llamado renina-angiotensina-aldosterona cuya función es mantener la presión sanguínea normal. En personas obesas se ha visto que aumenta la producción de ACE2 que es el receptor de la angiotensina. El problema con esto es que para entrar a las células el COVID19 necesita al receptor ACE2. Cuando el coronavirus encuentra al receptor ACE2 es como si encontrara la llave de emergencia de tu casa inmediatamente se mete a la célula y la infecta y empieza a producir más copias de coronavirus para así poder infectar más de tus células.


Una persona con obesidad tiene el colesterol más alto. Podrías pensar: ¿Y eso por qué es un problema con el coronavirus? Pues resulta que el coronavirus necesita colesterol para escapar de la célula infectada. Primero se mete a la célula usando la proteína S, si recuerdas es la que hace que parezca que tiene una coronita, después se roba los sistemas de tu pobre célula y empieza a crear muchas copias de sí mismo. Para sacar a los nuevos virus el coronavirus necesita colesterol que puede ser muy abundante en personas con obesidad.


Aquí puedes ver el proceso de infección, en esta imagen se usa al virus del VIH pero el proceso de infección es similar. En el coronavirus, el virus busca el receptor ACE2 y se mete a la célula. Dentro de la célula se roba los mecanismos celulares y los usa para crear más copias de si mismo. Finalmente usa colesterol para salirse de la célula e irse a infectar a las células vecinas.


Una falla con la insulina y el azúcar: La obesidad muchas veces es sinónimo de diabetes mellitus 2 donde se produce poca insulina y las células no responden a esta hormona. Cuando las células no responden a la insulina la glucosa (azúcar) no pasa de la sangre a las células. El azúcar fuera de las células puede ser bastante peligroso ya que daña a los órganos sobre todo a el riñón, los ojos y los nervios. El azúcar fuera de las células también hace un proceso llamado glicosilación de proteínas donde se pega a proteínas que puede causar que estas empiecen a fallar. Así mismo, el azúcar en exceso produce estrés oxidativo lo que daña a las células.


La obesidad es un estado hipercoagulable. En la obesidad hay un aumento de la protrombina y una disminución de la antitrombina por lo que se crea un desbalance entre estas dos sustancias. La protrombina al activarse se transforma en trombina que tiene la función de volver una sustancia llamada fibrinógeno en fibrina. La antitrombina tiene la función contraria, se encarga de inactivar a la trombina. La fibrina crea una malla, que, en circunstancias normales frena el sangrado de una herida, pero cuando hay exceso de protrombina y esta se activa sin necesidad de una herida entonces se habla de un trombo. Un trombo es esencialmente una bola de sangre coagulada dentro de un vaso sanguíneo, este trombo tapa al vaso en cuestión. Un vaso tapado deja de mover sangre lo que puede ocasionar un infarto o un tapón que causa que la sangre se estanque. Si el tapón se desprende usualmente se queda atorado en la arteria pulmonar y causa que la sangre no pueda llegar a oxigenarse al pulmón. Ahora imagínate que no llega sangre al pulmón y además hay coronavirus toda una receta mortal.




El exceso de grasas hace que se produzcan prostaglandinas. No creas que todas las grasas son malas, el Omega-3, por ejemplo, es antiinflamatorio. No obstante, otras grasas pasan a volverse prostaglandinas que son mediadores de la inflamación. Las prostaglandinas pueden llamara a células inflamatorias y causar dolor. Estas grasas hacen que exista inflamación crónica en el cuerpo e incluso pueden causar broncoconstricción haciendo que la respiración sea más difícil.


Un desbalance inmunológico. Lo primero que debes saber es que existen diferentes tipos de células inmunes. En la que nos vamos a centrar son en unas llamadas linfocitos TCD4 y TCD8. Los linfocitos TCD4 son como los generales de tu sistema de defensa en que le dicen al sistema inmune que hacer. Los linfocitos TCD8 son como asesinos silenciosos que asesinan a células infectadas o cancerosas. De los linfocitos TCD4 existen 4 subgrupos Th1, Th2, Th17 y Treg. Th1 monta respuestas inmunes muy violentas, quiere acabar con la infección de una vez por todas y eso puede sonar muy bien, pero en su decisión de acabar con la infección es capaz de tirar una bomba nuclear en la zona infectada. Imagínate que la respuesta Th1 destruye tu pulmón, sin duda acaba con la infección, pero te quedas sin pulmón; no es lo mejor. Th2 por otro lado, monta respuestas bastante pobres y poco potentes. No acaba con tu pulmón, pero tampoco detiene una infección. Treg por su parte es antiinflamatorio y le dice al cuerpo: intentamos acabar con la infección, pero no destrocemos todo. Contra el COVID 19 ¿qué quieres? La respuesta es un balance: no quieres que Th1 destruya tu pulmón ni quieres que Th2 no haga nada. Lo que necesitas es que haya una respuesta Th1 que acabe con el virus y haya Treg y Th2 controlando a Th1 para que no destruya todo a su alrededor. La mala noticia con la obesidad es que se pierden las respuestas Th2 y Treg, la obesidad causa que el número de estos linfocitos bajen en su lugar deja que haya linfocitos híper inflamatorios que pueden destruir el tejido, en este caso el pulmonar, en su intento por eliminar la infección.



La vacuna puede no funcionar tan bien como uno desearía ya que hay una falla en la memoria inmunológica. En el cuerpo existen dos tipos de inmunidad: una llamada innata y otra llamada adaptativa. La inmunidad innata siempre está ahí, funciona con todo así que no es específica. Por ejemplo, el ácido gástrico es parte de la inmunidad innata, es tan ácido que destruye bacterias sin importarle qué tipo de bacteria es. La inmunidad adaptativa solo funciona contra una sola cosa, pero evita que te vuelvas a enfermar de esa cosa específica o al menos que la enfermedad sea leve. Por ejemplo, una persona solo se enferma de varicela una vez porque el sistema inmune recuerda al virus de la varicela y no deja que este vuelva a infectar al cuerpo. Las vacunas sirven para mejorar nuestra inmunidad adaptativa, le enseñan al cuerpo un agente infeccioso y el cuerpo aprende a combatirlo. Una vez que el cuerpo aprende a combatir cierto agente infeccioso este tiene mucha más dificultad de infectar. En la obesidad la memoria inmunológica no está tan bien. La vacuna si que crea una respuesta, pero no se hacen tantos linfocitos de memoria por lo que el cuerpo olvida cómo combatir la enfermedad con el tiempo por lo que una vacuna contra el COVID19 en una persona con obesidad no es tan eficaz como una vacuna en una persona delgada.


Como habrás podido observar el coronavirus es mucho más grave en las personas obesas. Tener obesidad aumenta la posibilidad de terminar hospitalizado en terapia intensiva y aumenta la probabilidad de necesitar asistencia ventilatoria por una máquina. La obesidad causa muchos cambios en el cuerpo y estos causan que las respuestas contra el coronavirus no sean óptimas. El exceso de grasa hace que fallen varias hormonas y que el cuerpo se encuentre en un constante estado de inflamación que no ayuda nada al momento de contraer COVID 19. Así mismo, cambia cómo el cuerpo responde a enfermedades ya que se pierden respuestas antiinflamatorias y se ganan respuestas híper inflamatorias que dañan a los tejidos.



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