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Amor y ciencia: Las teorías científicas detrás de la elección de pareja

Updated: Feb 11

Actualizado 11 de febrero 2026: Imagen de portada

Amor y ciencia:  Las teorías científicas detrás de la elección de pareja

Este 14 de febrero, para celebrar el Día del Amor y la Amistad, desde Nanolab queremos compartir contigo algunas de las teorías más fascinantes sobre cómo elegimos a nuestra pareja. A lo largo de la historia, los científicos han explorado el romance desde muchas perspectivas: teorías evolutivas, psicológicas e incluso  inmunológicas y genéticas. Te invitamos a descubrir estas hipótesis intrigantes que intentan explicar el misterio del amor y la elección de pareja.


La teoría evolutiva


La teoría evolutiva proviene de los estudios de Darwin y, según la biología evolutiva, lo más importante para un organismo es reproducirse para transmitir sus genes a la próxima generación. De acuerdo a esta teoría un tanto pobre en romance, los humanos están sujetos a una presión evolutiva que los impulsa a aparearse y asegurar la supervivencia de su material genético. Sin embargo,  transmitir el material genético solo es una parte del proceso, ya que de poco sirve si la descendencia, los hijos, no logran sobrevivir. Según esta teoría, elegimos pareja en función de las características que maximicen las probabilidades de reproducirse exitosamente y de mantener a los hijos a salvo.  


Según esta teoría, buscamos aptitud reproductiva en nuestras parejas. Sin embargo, es difícil responder específicamente cuáles son esas aptitudes, ya que podrían encapsular muchas características, como la edad, la simetría corporal y facial, la fuerza física, la inteligencia, la jovialidad o los caracteres sexuales primarios o secundarios. Además, esta teoría no siempre se ajusta a lo que observamos en la vida cotidiana, ya que no contempla características socioculturales, que también influyen en la toma de decisiones del amor.

Evolución y amor
¿Es el amor evolutivo?

La teoría psicosocial de Finckel y Eastwick


Según la teoría psicosocial de Finckel y Eastwick, en la selección de pareja lo importante no es el físico, sino el tiempo. Estos investigadores argumentaron que, a medida que convivimos más con una persona, desarrollamos un mayor deseo de construir una relación amorosa con ella. A este proceso lo denominaron familiarización


Finkel y Eastwick también sostienen que, en contra de la creencia popular, los opuestos no se atraen, sino que son las personas con características similares las que tienden a formar lazos románticos. Esto se debe a que nuestros círculos sociales suelen estar compuestos por individuos que comparten características, cualidades, valores e incluso metas. Según esta teoría, nuestras parejas románticas suelen surgir de nuestros círculos sociales cercanos porque pasamos mucho tiempo juntos y nos familiarizamos. El romance florece porque ya compartimos valores, espacios e intereses. Así que, según Finkel y Eastwick, tu pareja seguramente ha salido de tu círculo de amigos. 


Sin embargo, otros investigadores no coinciden con la idea de que los similares se atraen. Otros argumentan que, en realidad, los opuestos sí se atraen, pero con un matiz importante: esto solo ocurre si ambas personas no son conscientes de sus diferencias. Según esta perspectiva adaptada, no es la similitud real la que nos atrae, sino nuestra percepción de similitud. Aunque dos personas sean diferentes, si creen que son parecidas, pueden formar vínculos románticos. 


La teoría de la interdependencia


Según la teoría de interdependencia de Thibaut y Kelley, el corazón podría estar guiado más por el deseo y la recompensa. Esta teoría sugiere que las personas eligen a su pareja en función de qué pueden obtener de la relación, no necesariamente en términos materiales, como posesiones o dinero, sino en relación con sus metas, deseos y prioridades personales. Cada persona evalúa, de manera consciente o inconsciente, qué persona le ayudará a alcanzar esos objetivos, ya sean tangibles como estabilidad económica o más abstractos, como cariño, comprensión o apoyo emocional. 


En esencia, elegimos a quien creemos que tiene la mayor probabilidad de satisfacer esas necesidades. Eso sí, esta teoría no garantiza que esas expectativas se cumplan, ya que nadie puede prometer ser la solución perfecta a todos nuestros deseos. Simplemente, tomamos una decisión basada en la percepción de quién podría acercarnos más a lo que anhelamos, sin saber con certeza si finalmente lo logrará.


amor y beneficio
Algunas teorías proponen que el amor siempre va acompañado por la búsqueda de un beneficio.

La teoría del mercado


Esta teoría, inspirada en conceptos económicos y capitalistas, propone que las personas son similares a un producto. A cada persona le asignamos un valor en función de sus cualidades y defectos. Imagina el proceso como si estuvieras eligiendo fruta en un supermercado: ninguna fruta es perfecta, pero algunas resultan más apetecibles o atractivas que otras. Según esta perspectiva, cuantas más cualidades y menos defectos tengas, mayor será tu nivel de mercado, lo que te permitirá acceder a un abanico más amplio de opciones al momento de elegir pareja.  Por el contrario, si tienes más defectos que cualidades, tu valor percibido disminuye y con él tus opciones de pareja.


La teoría del mercado sugiere que las parejas tienden a formarse entre individuos con un valor percibido similar. Es decir, personas con más cualidades suelen emparejarse con otras que también las poseen, como si se tratara de una transacción donde quien "tiene más" puede "acceder a más". Es una teoría que puede resultar poco romántica. 


La teoría de encontrando al indicado


El investigador Günaydin propuso una teoría fascinante sobre cómo elegimos a nuestra pareja ideal: no se trata de buscar entre millones de personas, sino de ir eliminando prospectos de una lista inicial. Aunque en el mundo hay millones de personas, no todas entran en tu lista de candidatos potenciales. Las probabilidades de formar una pareja deben ser suficientemente altas para que alguien sea considerado.


Esta lista inicial se construye en base a la accesibilidad, un concepto que incluye múltiples variables, desde geográficas (¿vive cerca?) hasta sociales (¿tengo forma de conocerlo?). Por ejemplo, según esta teoría, eliminamos automáticamente a quienes ya tienen pareja, ya que las probabilidades de éxito son bajas. También descartamos a personas inaccesibles, como un famoso al que no puedes contactar. No podemos quedarnos esperando un milagro, así que nuestra lista se reduce a quienes están a nuestro alcance: vecinos, amigos, compañeros de trabajo, conocidos, etc.


Una vez que tenemos esta lista inicial, sigue una segunda ronda de eliminaciones. Aquí descartamos a quienes no nos atraen, ya sea por su apariencia física, su personalidad o sus valores. Al final, quedan solo aquellas personas con las que creemos que podríamos formar una pareja. 


El último paso, según Günaydin, es encontrar al "indicado" a través del interés mutuo. En esta etapa, analizas tus sueños, metas y deseos, y los comparas con los de tus opciones restantes. El indicado será aquella persona con la que puedas obtener más, y a la que tú también puedas dar más, es decir, alguien con quien compartas una visión del futuro. Cuando ambos sienten que pueden apoyarse mutuamente en sus objetivos, la lista se reduce a un solo nombre: esa será la persona ideal para ti.


buscando el amor
La teoría del indicado es de las más románticas.

La teoría del umbral


La teoría del umbral comparte similitudes con la teoría del indicado, pero tiene una diferencia importante: nuestra lista de candidatos no es tan amplia. Según este enfoque el primer filtro que aplicamos es quién puede satisfacer nuestras necesidades básicas. ¿Cuáles son esas necesidades? Tú las defines. Solo las personas que superan este umbral de necesidades pasan a la siguiente fase de elección, donde evaluamos  quién puede cumplir nuestros “lujos”, es decir, aquellos aspectos que, aunque no son esenciales, sí añaden valor a la relación. Aquí, nuevamente, cada persona define qué considera un lujo.


A partir de este punto, el proceso se asemeja a la teoría anterior: nos quedamos con las opciones accesibles y con aquellas que mejor cubren tanto nuestras necesidades como nuestros deseos adicionales. Según esta teoría, cada individuo tiene expectativas únicas y terminará emparejándose con quien mejor las cumpla. 


La teoría del emparejamiento selectivo y la convergencia


La teoría del emparejamiento selectivo y la convergencia combina factores biológicos y sociales para explicar cómo elegimos a nuestra pareja. Según el emparejamiento selectivo, tendemos a formar vínculos con personas que son similares a nosotros, ya sea en aspectos biológicos (como genes o el color de piel) o sociales (como metas, valores, sueños, rasgos socioculturales e incluso la ubicación geográfica). En esencia, cuanto más parecidos seamos a alguien, más probabilidades habrá de que esa persona sea nuestra pareja ideal.  


Sin embargo, no siempre es posible encontrar a alguien extremadamente similar dentro de nuestras opciones accesibles. Aquí entra en juego un proceso denominado convergencia. Con el tiempo, al convivir, cohabitar y trabajar en equipo, las parejas comienzan a adquirir similitudes. Por ejemplo, si a ti te gustan las películas de terror, pero a tu pareja no, es probable que con el paso del tiempo tu pareja también termine disfrutándolas. Del mismo modo, si a tu pareja le gusta hacer ejercicio, pero a ti no, con la convivencia es probable que tú termines haciendo.


En resúmen, el emparejamiento selectivo nos acerca a personas similares a nosotros, mientras que la convergencia nos vuelve más parecidos a nuestras parejas. Según esta teoría, este doble proceso es clave para construir relaciones duraderas y armoniosas.



La teoría de configuración sexual


La teoría de configuración sexual resulta fascinante porque separa los conceptos de género y sexo a la hora de elegir pareja. Según esta teoría, no nos atrae una persona por su sexo o género en sí, sino que nos atren atributos específicos que posee. Es decir, si los rasgos que te atraen, ya sean físicos, emocionales o conductuales, están presentes en alguien, esa persona será un candidato potencial para ser tu pareja, independientemente de si es hombre, mujer o no binario.


Por ejemplo, si lo que te atrae son atributos tradicionalmente asociados a lo femenino (como la ternura, la sensibilidad o incluso rasgos físicos como el cabello largo), no importará si esos atributos los posee una mujer, un hombre o alguien de otra identidad de género. Lo único que cuenta es que cumplan con lo que buscas. Para simplificarlo: si lo que te atrae es el pelo largo, al buscar pareja no importará el género de la persona, siempre y cuando tenga ese atributo. En este caso, quedarían fuera de tu lista quienes no lo cumplan, ya sean mujeres con pelo corto o hombres con pelo corto. Claro está que la teoría se vuelve más compleja cuando se añaden más atributos, deseos, valores o sueños a la ecuación.


Amor LGBT
Muchas teorías no consideran la existencia de personas LGBT, pero la teoría configuración sexual sí lo hace.

La teoría inmunológica 


Según la teoría inmunológica, la elección de pareja podría estar influenciada por los genes del sistema inmune, en especial por los del complejo mayor de histocompatibilidad (CMH). El CMH permite que las células del cuerpo identifiquen y respondan a microorganismos, activando las alarmas necesarias para combatir una infección. El complejo mayor de histocompatibilidad está compuesto por seis genes y, lo increíble es que existen más de 100,000 variaciones de estos genes, lo que los convierte en uno de los complejos genéticos más diversos entre los seres humanos. 


De acuerdo con esta teoría, elegimos como pareja a personas que tengan un CMH diferente al nuestro. ¿La razón? Aquí podemos volver a hablar de la teoría evolutiva: al elegir una pareja con un CMH distinto, nuestros hijos heredarían una mayor diversidad genética en su sistema inmune, lo que les proporciona una ventaja para poder enfrentar una amplia variedad de infecciones. Si, por el contrario, elegimos a alguien con un CMH similar, nuestros descendientes tendrían menor resistencia a las enfermedades, reduciendo sus probabilidades de supervivencia.


¿Cómo sabemos si alguien tiene un CMH distinto al nuestro? En práctica, la única forma segura de confirmarlo sería mediante una prueba genética. Sin embargo, esta teoría sugiere que podríamos detectarlo a través del olfato. Puede que si el aroma de una persona te resulta especialmente atractivo, signifique que su sistema inmune es diferente al tuyo. ¿Es esto real? Los estudios son contradictorios: algunos indican que, efectivamente, podemos percibir diferencias en el CMH a través del olfato. Mientras que otros investigadores cuestionan esta idea. Por ahora, solo una prueba genética podría confirmar si el CMH de tu pareja es diferente al tuyo.


La teoría de la reserva genética 


Según la teoría evolutiva de Darwin, para que una especie evolucione, es fundamental mantener la diversidad genética. Siguiendo está lógica, al elegir pareja, buscaríamos esa diversidad genética. En teoría, cuanto más diverso sea tu material genético, más atractiva o atractivo resultas. Sin embargo, los estudios genéticos recientes apuntan a algo distinto: los humanos tendemos a preferir parejas que son genéticamente similares a nosotros, pero no demasiado. 


Cuando dos personas comparten demasiado material genético, sus hijos pueden enfrentar problemas de salud debido a que los genes recesivos se juntan (aquellos que solo se manifiestan si se heredan de ambos padres) tienen más probabilidad de emperjerase. Un ejemplo es la fibrosis quística, una enfermedad que ocurre cuando un bebé hereda dos copias de genes mutados. En cambio, si solo hereda una copia, la enfermedad no se desarrolla. Por otro lado, si las parejas son genéticamente muy distintas, algunos estudios sugieren que esta diversidad extrema podría interferir con el funcionamiento de las mitocondrias. Las mitocondrias tienen su propio ADN y se heredan exclusivamente de la madre. Algunos estudios han observado que, en algunas especies animales, cuando dos individuos de poblaciones muy diferentes se aparean, producen crías con daños en el ADN mitocondrial. ¿Ocurre lo mismo en los humanos? Por ahora, la ciencia aún no tiene una respuesta clara.


En resúmen, según la teoría genética, elegimos pareja buscando un equilibrio genético. Buscamos parejas con un material genético suficientemente distinto para cumplir con los principios evolutivos de Darwin y asegurar diversidad, pero lo suficientemente similares para evitar posibles daños al ADN mitocondrial. Toda una paradoja de amor y genes: ni demasiado parecido ni demasiado diferente.


ADN en forma de corazón
¿El amor tiene que ver con los genes?

Estas son algunas teorías que intentan explicar cómo elegimos pareja. ¿Alguna es totalmente correcta? La respuesta es no. El romance, la humanidad, la genética, la evolución y la sociedad interactúan de manera compleja a la hora de formar vínculos afectivos. Además, ninguna de estas teorías garantiza que una relación será sana, duradera y feliz. El amor, al fin y al cabo, sigue siendo un misterio que la ciencia no ha logrado descifrar por completo.  ¿A ti cuál teoría te parece la correcta? ¡Cuéntanos!


Referencias 


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