Genética del tumor de Wilms: ¿Cómo influyen las mutaciones?
- Juan Pablo Dovarganes Queipo

- 4 days ago
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En Nanolab, te invitamos a conocer el tumor de Wilms, un tipo de cáncer renal poco frecuente que afecta principalmente a niños menores de 5 años. Este tumor está estrechamente relacionado con mutaciones genéticas que alteran el desarrollo normal del riñón. En este artículo, exploraremos su origen, las bases genéticas que lo caracterizan y la importancia de los análisis genéticos para su diagnóstico y manejo.
El desarrollo embrionario del riñón
El tumor de Wilms se origina de células embrionarias, un tipo de célula único por su capacidad para diferenciarse (transformarse) en casi cualquier tipo de célula del cuerpo. Este tumor incluso puede intentar replicar estructuras del riñón, ya que está compuesto de células embrionarias. Sin embargo, lo que construyen está desorganizado porque las células están alteradas. Para entenderlo mejor, exploremos cómo se forma el riñón y cuál es el origen de estas células.
Durante el desarrollo embrionario, el feto desarrolla tres tipos de riñones, que reflejan nuestra historia evolutiva. Sí, ¡todos hemos tenido hasta seis riñones en nuestras primeras etapas de desarrollo! El primero en formarse es el pronefros, que en los humanos no es funcional, pero en algunos peces es el riñón normal. Luego, se desarrolla el mesonefros, que, por algunas semanas, produce orina fetal. Con el tiempo, el mesonefros se degenera y desaparece, aunque, en los varones, algunas de sus estructuras se “reciclan” para formar partes del sistema reproductor. Finalmente, se forma el metanefros, el riñón definitivo, que poseen los mamíferos, y se encarga de la producción de orina. El tumor de Wilms se origina de las células embrionarias del metanefros.
Durante el desarrollo embrionario, se generan tres tipos de células renales. Estas células determinan qué estructuras formar según los genes embrionarios que activen. Los genes del periodo embrionario son vitales para el desarrollo de un bebé, pero una vez que han cumplido su función, como formar un órgano, deben silenciarse (apagarse). Es fundamental desactivar estos genes, ya que funcionan correctamente solo en un ambiente específico: durante la formación del bebé. Si se activan fuera de tiempo o de manera aislada, las células se desorganizan. Para evitar este problema, los genes embrionarios se unen a proteínas que los condensan, compactando el material genético como si fuera un “nudo cerrado”. Una vez silenciados, las proteínas que activan genes no pueden acceder a ellos. Las células embrionarias que no logran madurar a células adultas son eliminadas por ser un potencial peligro para el organismo, ya que, al intentar formar órganos fuera del periodo embrionario, pierden el control.
El tumor de Wilms proviene de lo que se conoce como remanentes de células metanéfricas, que son células embrionarias que mantienen activos sus genes del desarrollo embrionario. Lamentablemente, tras el nacimiento, el ambiente embrionario y los genes necesarios para formar un riñón ya no están presentes. Por eso, al intentar formar estructuras renales, estas células fallan y, en su lugar, dan origen a un tumor, ya que son incapaces de organizarse.

Los genes del tumor de Wilms
El tumor de Wilms está asociado a diversas mutaciones genéticas que alteran el desarrollo embrionario del riñón. Cada una de estas mutaciones se relaciona con diferentes patrones de crecimiento tumoral y pronósticos. Además, cada mutación puede requerir tratamientos distintos. A continuación, te presentamos los genes más representativos del tumor de Wilms.
WT1
El gen WT1 es un factor de transcripción, es decir, regula la activación de otros genes. Es esencial para el desarrollo genitourinario. Sus mutaciones pueden generar malformaciones renales y están estrechamente relacionadas con el tumor de Wilms. El gen WT1 actúa como un supresor de tumores, controlando la división celular.
Cada persona tiene dos copias de cada gen, conocidas como alelos. Una copia se hereda del padre y otra de la madre. Si ambos alelos mutan, el riesgo de desarrollar cáncer aumenta, ya que se pierde el control sobre la división celular.
Las mutaciones en WT1 no solo están asociadas al tumor de Wilms, sino también a síndromes genéticos específicos. Cuando el gen WT1 está ausente, se desarrolla el síndrome TAGR, cuyas siglas significan:
T: Tumor de Wilms
A: Aniridia, la ausencia del iris (la parte coloreada del ojo).
G: anomalías genitourinarias, que pueden afectar tanto al riñón como a los genitales.
R: Retraso en el desarrollo intelectual.
Cuando el gen WT1 está presente, pero mutado, se desarrolla el síndrome de Denys-Drash, caracterizado por:
Genitales ambiguos.
Mayor riesgo de desarrollar cáncer en los testículos u ovarios.
Síndrome nefrótico (pérdida de proteínas por la orina).
Insuficiencia renal.
Mayor riesgo de desarrollar el tumor de Wilms.
CTNNB1
El gen CTNNB1 codifica la beta catenina, una proteína de adhesión celular, que actúa como un pegamento entre células. Esta proteína es esencial para mantener el orden en los tejidos y regular la división celular. Para entender su función, imagina que la beta-catenina actúa como dos manos: Si una célula siente que otra célula le toma la mano (es decir, está en contacto con ella), deja de dividirse, porque sabe que no hay espacio vacío. Si, en cambio, no detecta células vecinas, se divide para llenar ese espacio. Esta adhesión es crucial: si las células no se adhieren correctamente, pueden dividirse sin control, lo que favorece el desarrollo de tumores.
WTX
Aunque aún se conoce poco sobre el gen WTX, se sabe que regula la vía de señalización WNT. La vía WNT es un conjunto de señales celulares fundamentales que permite el desarrollo de órganos y tejidos. Al igual que el gen WT1, el gen WTX también requiere que ambas copias del gen (alelos) estén mutadas para contribuir al desarrollo del cáncer. En el caso del tumor de Wilms, algunas de sus células pueden presentar esta mutación en WTX.
TP53
El gen TP53 codifica la proteína p53, reconocida como “el guardián del genoma" por su papel fundamental en la regulación de la división celular y en la protección contra mutaciones en el ADN. Esta proteína actúa como un mecanismo de seguridad: si detecta daños en el ADN de una célula, activa procesos para repararlo o, si el daño es irreparable, induce la muerte celular programada.
La mutación en el gen TP53 está estrechamente relacionada con una amplia variedad de cánceres, incluyendo el tumor de Wilms. Los tumores con esta mutación suelen tener un pronóstico desfavorable, ya que favorece la aparición de células de características agresivas y de difícil tratamiento.

Pronósticos del tumor de Wilms
El tumor de Wilms suele tener un pronóstico favorable, aunque depende de su clasificación y sus características histológicas. Para evaluarlo, se utiliza el sistema SIOP, que divide el tumor en grados según su extensión. A menor grado, mejor es el pronóstico.
Grado I: El tumor está confinado al riñón.
Grado II: El tumor se extiende fuera de la cápsula renal (el tejido que recubre al riñón).
Grado III: El tumor invade los ganglios linfáticos, no se puede resecar por completo y afecta el peritoneo.
Grado IV: El tumor presenta metástasis a distancia, invadiendo órganos como el cerebro, huesos o pulmones.
La histología analiza el aspecto de las células y es crucial para evaluar el pronóstico. Cuanto más se parezcan las células cancerosas a las células sanas, mejor será el pronóstico. Cuando las células pierden toda similitud con las sanas, se vuelven anaplásicas y el pronóstico empeora significativamente, ya que son células muy agresivas.

La prueba genética del tumor de Wilms
El tumor de Wilms es un cáncer poco frecuente, por lo que su estudio debe ser exhaustivo y personalizado. A todo paciente diagnosticado con este tumor se le recomienda realizar un panel genético para analizar los genes asociados, incluyendo los tres principales: WT1, CTNNB1 y TP53. Además, se suelen analizar otros genes secundarios que aumentan la predisposición a desarrollar esta enfermedad.
Los resultados de estas pruebas genéticas son clave para:
Estratificar el riesgo del tumor.
Confirmar o descartar síndromes genéticos asociados, como el síndrome TARG o el síndrome de Denys-Drash.
Además, analizar las mutaciones genéticas presentes en el tumor permite seleccionar tratamientos personalizados mediante medicina de precisión. Estas pruebas ayudan a comprender el comportamiento de las células tumorales y a determinar cuáles son las terapias más efectivas para cada paciente.
En Nanolab CGI, no solo encontrarás pruebas genéticas para el cáncer, sino que también tendrás el apoyo integral de un equipo multidisciplinario. Nuestro oncogenetista te guiará paso a paso, desde la realización de la prueba hasta la interpretación detallada de los resultados, para que comprendas su impacto en tu salud.
En Nanolab CGI, combinamos ciencia avanzada con atención humana para ofrecerte soluciones precisas y cercanas. ¡Tu salud merece el mejor enfoque!

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