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Astrocitomas y Astrocitos: Un Universo por Descubrir


Astrocito junto a un vaso sanguíneo

Como su nombre lo indica, los astrocitos parecen estrellas por tener muchas proyecciones. A diferencia de una neurona, carecen de axón.


¿Sabías que los asteroides también reciben el nombre de planetas menores? Estas rocas espaciales son remanentes de la formación de nuestro sistema solar y la mayoría órbita entre Marte y Júpiter. Un asteroide puede ser colosal como Vesta, que mide 530 kilómetros, o bastante pequeño, con apenas 10 metros de diámetro. 


¿Por qué hablamos de asteroides en nuestro blog de salud? En esta ocasión, Nanolab conmemora el Día Internacional de los Asteroides. Aunque me encantaría hablarte del universo, hoy te platicaré de otra cosa: una célula y un tumor en la cabeza. El término “asteroide” proviene del griego y se traduce como “similar a una estrella”. La célula de la que trataremos se llama astrocito, cuyo nombre significa “célula estrella". El astrocitoma es el tumor del que trataremos y su nombre significa “tumor de la célula estrella”. 


Astrocitos 

Seguro reconoces a las neuronas, las células que nos hacen pensar. Podrías creer erróneamente que el cerebro se compone únicamente de ellas, pero no es así. En el cerebro habitan diversas células, agrupadas en dos clases: neuronas y glía. Existe una gran variedad de neuronas, cada una adaptada a una tarea específica. Por ejemplo, algunas permiten el movimiento, otras organizan acciones y otras nos proporcionan el juicio. Por otro lado, la glía se encarga de cuidar a las neuronas, ya que son células delicadas y mimadas. 


La glía se compone de tres tipos de células. La primera es la microglia, una célula inmune encargada de proteger el cerebro. La segunda se conoce como oligodendrocito, es el encargado de abrazar a las neuronas para hacer que transmitan información a velocidades de un tren bala. Finalmente, están los astrocitos, que son literalmente las nanas de las neuronas. Los astrocitos limpian, alimentan, curan, guían a las neuronas para que realicen bien su trabajo. Además, protegen a las neuronas de la sangre, ya que la señora neurona con tu sangre no quiere mezclarse. Aunque el astrocito es un gran cuidador, como cualquier célula del cuerpo, puede perder el control, mutar y formar un tumor

Las células nerviosa y de la glía

El astrocito (verde) se encuentra junto a los vasos sanguíneos para recolectar alimento para las neuronas (amarillas) y desechar desperdicios. Las células azul claro son oligodendrocitos y abrazan neuronas para volverlas veloces. La microglia (azul oscuro) son células de defensa.


¿Glioma o astrocitoma?

Al investigar, acudir a consulta o enfrentarte a uno de estos tumores, puedes confundirte con este par de términos médicos. Glioma es una categoría general que utilizamos para todos los tumores que se originan a partir de una célula de la glía. Entre ellos está el microglioma, que viene de la microglia; el oligodendroglioma, que deriva de los oligodendrocitos; y el astrocitoma, que, como podrás adivinar, se origina de los astrocitos. Un astrocitoma es una variedad particular de glioma.


Dentro del cerebro, lo más común es que se originen gliomas a comparación con cualquier otro tipo de tumor. Es más frecuente una célula de la glía fuera de control que una neurona. Dentro de la categoría de gliomas, el más común es el astrocitoma.


¿Es benigno o maligno?

¿Es el astrocitoma benigno o maligno? Es una cuestión que todos quieren saber y con buena razón. No obstante, la respuesta puede ser compleja. Los astrocitomas se dividen en 4 clases o grados (Grado I a Grado IV). El grado se determina según qué tan parecida es la célula tumoral a la célula original. Cuanto más semejante sea a un astrocito común y corriente, menor será el grado y mejor será el pronóstico. 


El astrocitoma grado I se conoce como astrocitoma pilocítico y es de bajo grado. Es un tumor de naturaleza benigna, que bajo el microscopio, se asemeja mucho a una pelota llena de astrocitos bien formados. El astrocitoma grado II se denomina astrocitoma difuso y también suele ser benigno. A diferencia del astrocitoma pilocítico, estas células no se compactan en una pelota, sino que comienzan a meterse entre las células sanas. Sin embargo, siguen pareciendo astrocitos, aunque no tan bien formados, un patólogo logra identificarlos como astrocitos. El astrocitoma grado III se denomina astrocitoma anaplásico y es maligno. Estos astrocitos dejan de parecer normales y se observan irregulares. Además, a diferencia de los grados menores, se reproducen rápidamente. El astrocitoma grado IV se llama glioblastoma, y en este punto, las células tumorales ya no parecen astrocitos; de hecho no se puede determinar con certeza qué tipo de célula son.


Expectativa vs realidad pastel

Esta imagen de “expectativa vs. realidad” puede ayudarte a entender los grados. El grado de un astrocitoma se determina según qué tan similar es la célula del tumor a la célula original. 


Lo que añade complejidad a la respuesta sobre si un astrocitoma es benigno o maligno es que muchas veces se considera a todos los tumores cerebrales como malignos. Es crucial enfatizar que, desde una perspectiva celular, pueden ser benignos o malignos, pero su ubicación es complicada. A diferencia de otros órganos del cuerpo, el cerebro no tiene hacia donde crecer. Aunque el cráneo protege al cerebro, también limita su crecimiento. Cuando un tumor comienza a crecer, el cerebro no tiene espacio para expandirse y los tejidos se comprimen. Además, las neuronas actúan como cables, y si se comprimen, no transmiten información correctamente. La falta de espacio y la delicadez de las neuronas lleva a que muchas veces se refiera a los tumores cerebrales como malignos. Es importante recordar que, aunque los tumores pueden ser benignos a nivel celular y no provocar metástasis, necrosis o invasiones, la compresión de áreas vitales del cerebro puede poner en riesgo la vida.


¿Cómo se trata un astrocitoma?

El tratamiento para un astrocitoma depende de su grado y ubicación en el cerebro. Por lo general, los astrocitomas de grado I se tratan únicamente con cirugía, lo que se considera curativo. Aunque también puede optarse por la observación y monitoreo periódico, lo óptimo es la cirugía. Estos tumores suelen aparecer en niños y jóvenes. La 'ley de Collins' se utiliza para determinar si el tumor se ha curado en niños: se suma nueve meses a la edad del niño al momento del diagnóstico y, si el tumor no ha reaparecido para entonces, se considera curado. Por ejemplo, si un niño de 3 años fue diagnosticado a los 2 años y recibe tratamiento, si pasado el período de dos años y nueve meses el tumor no regresa, lo más probable es que no vuelva. Por lo general, el tratamiento para un astrocitoma de grado II implica cirugía para extirpar el tumor, y en caso necesario, se puede complementar con radiación y quimioterapia. En cambio, los astrocitomas de grado III y IV siempre deben ser extirpados y recibir tratamiento adicional de radioterapia y quimioterapia


Astrocitoma y genética

Hasta el día de hoy, no comprendemos completamente qué causa un astrocitoma. El único factor de riesgo identificado es haber recibido radiación ionizante, como la de los rayos X o tratamientos para otros tipos de tumores, como linfomas o adenomas de la hipófisis, una glándula del cerebro. Sin embargo, una persona puede desarrollar un astrocitoma sin tener antecedentes de exposición a radiación ionizante. Por ello, hemos mirado hacia la genética.


Policía poniendo un alto

El gen TP53, también conocido como p53, actúa como un policía celular, asegurándose de que las células estén en orden. Si detecta alguna anormalidad, impide que la célula se reproduzca.


Se ha identificado que las mutaciones del gen TP53 influyen en el desarrollo de los astrocitomas. El gen p53 es crucial para la regulación de la división celular, asegurándose que la célula y su ADN se encuentren en correcto estado antes de permitir su reproducción. Si p53 detecta anomalías, detiene la división celular e impide que siga creciendo y multiplicándose. Por lo tanto, actúa como un punto de control o checkpoint durante la división celular. Varios síndromes genéticos, donde hay mutaciones en genes reguladores o el mismo p53, aumentan el riesgo de desarrollar un astrocitoma, ya que permiten que las células se dividan con facilidad y muten. Entre ellos se encuentran la neurofibromatosis (contamos con un blog acerca de ella), el síndrome de Li-Fraumeni y la enfermedad de Turcot


Síntomas de un astrocitoma

El astrocitoma en sí no suele causar síntomas. Los malestares provienen de las áreas nerviosas que el tumor presiona. Por lo tanto, los síntomas suelen ser neurológicos:

  • Náusea

  • Vómito 

  • Dolor de cabeza en la mañana 

  • Epilepsia 

  • Convulsiones 

  • Dificultades cognitivas

  • Cambios de personalidad

  • Diplopía o visión doble 

  • Caminata extraña

  • Temblores 

  • Problemas de movimiento 

  • Problemas con el habla o lenguaje; el término médico es afasia


Diagnósticos genéticos para el astrocitoma

Nanolab, a través de su línea Tureonco, ofrece análisis genéticos para el gen TP53 y otros genes asociados con el cáncer mediante su panel de cáncer hereditario, que incluye más de 100 genes. Además, para los astrocitomas de grados avanzados, e incluso el grado II, ofrecemos pruebas genéticas de cáncer esporádico. Esta prueba permite visualizar las mutaciones específicas del tumor. A partir de los resultados se diseñan tratamientos personalizados y se establecen pronósticos. Nuestro equipo de Trueonco, junto con nuestros genetistas especializados en oncogenética, están disponibles para guiarte en este proceso. Es importante mencionar que las mutaciones esporádicas se encuentran únicamente en el tumor y no en el resto de las células, a diferencia del cáncer heredable. Las pruebas de cáncer esporádico nos permiten identificar las mutaciones que ha acumulado el tumor para conocer mejor su comportamiento. 


Pruebas genéticas

Las pruebas genéticas de cáncer esporádico nos permiten conocer las mutaciones acumuladas por un tumor para formular pronósticos y tratamientos personalizados adaptados a las necesidades de cada paciente. 


Referencias 


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