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Descubre la Hipótesis de la Higiene: Microbios, Inmunidad y Vida Moderna


Niña compartiendo un helado con su perro


Estás por tener a tu bebé y ya has hecho todo por resguardar su salud: pruebas genéticas, como el NIPT que ofrece Nanocare, acudir diligentemente al ginecólogo y buscar los mejores productos para bebés. Ya estás lista; ahora viene la parte de cuidarlo en casa. Todo limpio, todo estéril, que ningún bichejo se atreva a acercarse. Tu bebé crece un poco y ahora sufres porque todo se lo lleva a la boca. Tanto proteger la limpieza y el pequeñín no te ayuda. Estás emocionada por enseñarle el mundo a su alrededor y parece apreciar más la tierra que el parque. ¡Qué frustrante es la higiene de los infantes! Pero no te frustres de más, acompáñame a descubrir todo acerca de la hipótesis de la higiene, que dice que tal vez esa suciedad no sea tan mala, ya que ayuda a formar un sistema inmune fuerte y evita alergias y enfermedades autoinmunes. Conmemora este Día Mundial de la Alergia con Nanolab y Nanocare explorando cómo la higiene impacta en tu bebé.


Explorando el mundo a través de la boca

¿Por qué los bebés se llevan todo a la boca? Lo hacen porque es la forma sensorial con la que investigan y reconocen el mundo. A los adultos nos da asco y nos genera confusión, ya que solemos investigar el mundo con la vista o el oído, no con la boca. Sin embargo, el sentido sensorial más desarrollado en la infancia temprana es la boca, y por ella los bebés indagan acerca de los objetos. Los pequeños suelen escoger primero la boca, luego las manos y, al final, la vista para explorar todo lo que les rodea. 


Aunque nos desagrade, es completamente normal y sano que un bebé se lleve lo que ve a la boca. Expertos en el lenguaje indican que es bueno para el desarrollo del habla, ya que permite que los bebés practiquen diferentes movimientos con la lengua. Además, suelen balbucear más si están explorando un objeto con la boca, lo que también desarrolla el habla. Explorar el mundo con la boca también los ayuda a comer alimentos sólidos, dado que aprenden a coordinar manos, ojos, boca y lengua, haciendo la transición más simple. Finalmente, esto entrena al sistema inmune, ya que todo tiene bacterias y el cuerpo debe reconocerlas. Claro, hay que estar atentas a qué se llevan a la boca y quitar todo lo que pueda ser peligroso, como baterías, productos químicos, objetos punzocortantes o demasiado pequeños, ya que podrían atragantarse. 


Bebé disfrazado de rana

Los bebés exploran el mundo con la boca.


¿De dónde viene la hipótesis de la higiene?

Esta hipótesis postula que, con la industrialización, el cambio de hábitos y nuestra pasión por la limpieza, el sistema inmune de los niños ya no se entrena como antes. Esto los lleva a desarrollar alergias, asma y enfermedades autoinmunes con más facilidad. La hipótesis se basa en la observación de que en países desarrollados hay mayor incidencia de enfermedades autoinmunes que en países en vías de desarrollo. También se apoya en la observación de que en familias de altos ingresos y mayores estándares de vida, los hijos presentan con más frecuencia este tipo de enfermedades. Finalmente, se basa en la observación de que, antes de la industrialización, no se observaban estas patologías con tanta frecuencia. 


La respuesta inmune frente a microbios

El sistema inmune es increíblemente complejo; seguimos descubriendo cosas nuevas de él. Una de las maravillas descubiertas es que el sistema inmune puede elegir cómo actuar: puede volverse muy agresivo o bastante pacífico. Los linfocitos T CD4 son un tipo de célula inmune y actúan como los generales del cuerpo, ya que deciden cómo deben comportarse las demás células. Un linfocito T CD4 puede ser extremadamente bélico o elegir la paz y coexistencia. En los años 80 descubrimos que existen subtipos de linfocitos T CD4 y los agrupamos en dos clases: Th1 y Th2. Aunque ahora conocemos más subtipos, por el momento nos enfocaremos en estos.


Th1 y Th2, aunque son células de la misma clase, actúan de manera diferente. Th1 secreta moléculas explosivas que hacen que el sistema inmune sea agresivo y eficaz en la eliminación de infecciones. Por otro lado, Th2 secreta moléculas más suaves que no activan al sistema inmune con la misma intensidad. A menudo, las respuestas Th2 no logran combatir una infección completamente. Aunque cualquiera podría pensar que Th1 es ideal, la realidad es más compleja: el equilibrio es lo ideal. Una respuesta inmune dominada por Th1 puede causar efectos graves y mortales, como shock, paro cardíaco y destrucción de órganos. Por el contrario, una respuesta puramente Th2 es insuficiente para combatir infecciones. 


Soldado junto a una hippie

Las respuestas Th1 son fuertes y violentas, mientras que las Th2 son leves, optando por la coexistencia.


La hipótesis de la higiene postula que los niños que no se enfrentan a infecciones, tienden a desarrollar respuestas Th2 y no aprenden a modular adecuadamente su sistema inmune. Un respaldo a esta hipótesis son los anticuerpos que se producen con la respuesta Th2. Existen diferentes clases de anticuerpos: IgG, IgM, IgE, IgD e IgA. Las respuestas Th1 producen anticuerpos IgG e IgM, que son los más efectivos para luchar contra infecciones. Por otro lado, las respuestas Th2 producen anticuerpos IgE, que, curiosamente, son los responsables de reacciones alérgicas. Cuando el anticuerpo IgE se une a una célula llamada mastocito, estas liberan las moléculas que producen los síntomas de la alergia.


La regulación del sistema inmune 

Posteriormente, descubrimos que los linfocitos T CD4 podían transformarse en otro subtipo con cualidades sorprendentes. Durante su etapa temprana, cuando son “bebés” aprenden a identificar lo propio en el timo, un órgano en el pecho. Los linfocitos T pasan por un examen donde no deben activarse en presencia de una molécula propia. Es la forma en que tus células se autorreconocen. Cuando un linfocito falla su examen es destruido, ya que es un peligro. Si sale del timo, puede crear una enfermedad autoinmune al atacar tu cuerpo. Sin embargo, algunos linfocitos que fallan el examen reciben un nuevo trabajo, detener a sus compañeras, volviéndose un linfocito Treg.


Los linfocitos Treg saben qué es lo que no debe ser atacado y secretan moléculas antiinflamatorias para detener ataques inmunes. Incluso pueden desactivar a un linfocito T problemático. También hemos descubierto que existen linfocitos Treg para moléculas externas. Nuestro cuerpo está constantemente expuesto a millones de moléculas diferentes, ya sea a través de alimentos, aire o agua. Los linfocitos Treg del timo modulan respuestas inmunes hacia nuestras propias moléculas, mientras que los linfocitos Treg periféricos identifican moléculas externas y modulan las respuestas hacia ellas. Por ejemplo, la primera vez que consumimos nueces, el sistema inmune determina si representan una amenaza. Si se decide que son inofensivas, se forma un linfocito Treg específico para las nueces. Sin embargo, en algunos casos, el sistema inmune las reconoce como un peligro y monta una respuesta inmune violenta cada vez que se consumen, ya que no hay un linfocito Treg que pare el ataque.


La hipótesis de la higiene sugiere que los niños que experimentan más infecciones desarrollan un sistema inmune que aprende a diferenciar mejor entre lo inofensivo y lo peligroso. Se postula que estos niños tienen un sistema inmune más eficaz en la regulación debido a la formación de más linfocitos Treg.



Mujer dándole ordenes a su perro

Los linfocitos Treg detienen ataques inmunes.


La vida moderna y el sistema inmune

Hoy en día, la mayoría de la población vive en urbes con trabajos centrados en servicios y no en el campo. Ahora vamos al supermercado y escogemos productos pasteurizados, limpios, o los lavamos en casa. No comemos lo que encontramos por ahí; hoy en día, todo viene en una caja de plástico listo para consumir. La mayor parte de nuestro día la pasamos en interiores y no solemos estar en parques, ríos o playas más de lo necesario. Estamos aislados del medio natural y el sistema inmune no estaba tan preparado para estos cambios de vida.

En la actualidad nos enfrentamos a menos infecciones y microbios. En tu casa, tu sistema inmune no se va a encontrar con lo que tus antepasados pudieron haberse topado en una granja o en el medio natural. También estamos expuestos a diferentes moléculas en interiores. En casa solemos respirar más CO2, hongos y partículas aromáticas. Piensa que tu sistema inmune sabe que tu detergente no es peligroso, pero el polen que flota fuera de casa, quién sabe, podría ser mortal. 


Las familias numerosas desaparecen

Seguro has visto esas antiguas fotos de familias con muchos hijos. Incluso si le preguntas a personas mayores, puedes descubrir que tienen varios hermanos. Hoy en día, la familia se ha reducido y la dinámica familiar ha cambiado. Antes, la familia extendida vivía cerca, mientras que ahora, el núcleo familiar es más pequeño. La hipótesis de la higiene sugiere que esta falta de “hacinamiento” familiar es perjudicial para el sistema inmune. Cuanto más se conviva con otros individuos, mejor se adapta el sistema inmune. Diferentes edades y ocupaciones dentro del hogar permitían que el sistema inmune de los bebés estuviese expuesto a distintos microorganismos. Incluso hoy se observa que los bebés que comparten cuarto con padres o hermanos tienen menor riesgo de presentar enfermedades autoinmunes.


Mujer limpiando su hogar obsesivamente

Actualmente, nuestros hogares son impolutos, las familias pequeñas y vivimos aislados del medio natural.


Nuestros pequeños amigos

La especie humana tiene aproximadamente 200 mil años y no ha evolucionado aislada. Esta coevolución  es evidente en animales que se han desarrollado junto a nosotros, como perros, gatos y otros animales urbanos. Hemos influido en la evolución de varias especies para convertirlas en fuente de alimento, como vacas, cerdos y pollos. Las plantas también han evolucionado en conjunto con nosotros y dependemos de muchas de ellas para nuestra supervivencia. Las especies evolucionan para adaptarse a otras especies con las que conviven. De manera similar, hemos evolucionado en conjunto con los microbios que nos rodean. 


Aunque solemos pensar que todas las bacterias son enemigas, esto es incorrecto. En nuestro cuerpo conviven alrededor de mil especies de bacterias que han coevolucionado con nosotros. Les proporcionamos alimento y un hogar, y a cambio, ellas procesan alimentos, nos defienden y regulan nuestro sistema inmune. Según la hipótesis de la higiene, al alejarnos de la vida natural hemos ido perdiendo amigos microbiológicos que solían modular el sistema inmune. Se trata de microorganismos que han evolucionado en cercanía con nosotros. Por ejemplo, las bacterias presentes en la leche de vaca. Antiguamente, se bebía directamente del animal y, claro, traía cientos de bichos. Actualmente, viene ultrapasteurizada. Lo mismo ocurre con las frutas. Antes se recolectaban del suelo, ahora las desinfectamos. Esta relación entre humano, microbio y sistema inmune se ve en este ejemplo: Se ha observado que los niños que se enferman con parásitos intestinales no suelen desarrollar enfermedades autoinmunes


Es importante mencionar que la hipótesis de la higiene no sugiere exponer a tu bebé a microbios peligrosos. Sin duda hay microbios extremadamente peligrosos que es mejor jamás conocer. La hipótesis de la higiene propone que ciertas infecciones son típicas del humano, benignas y permiten que el sistema inmune aprenda y se module correctamente. Esta hipótesis tampoco evita el tratamiento de infecciones. Se trata de que el cuerpo las conozca, no de mantenerse infectado. Al final, esta hipótesis plantea que no todo tiene que ser extremadamente limpio y que puedes relajarte un poco. Los niños son naturalmente propensos a ensuciarse; es mejor verlo como un entrenamiento para sus sistemas inmunes que preocuparse. Tampoco tienes que esconder a tu hijo de todos. Conocer gente le permitirá desarrollar habilidades sociales y a su sistema inmune; es un dos por uno. Así que, ¿qué piensas de la hipótesis de la higiene?


Bacterias buenas

No todas las bacterias son malas, muchas nos ayudan a estar sanos.


Referencias


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