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¿Puede tu dieta ayudarte contra el cáncer de mama?


Comida y dieta contra el cáncer


Ya hemos escrito antes acerca del cáncer de mama, revisamos los genes asociados a este cáncer, puedes leer esa historia aquí. También discutimos datos que médicos y especialistas quieren que conozcas en relación con esta enfermedad, desde patologías que parecen cáncer, pero no lo son, hasta métodos de reconstrucción de seno; puedes leer la parte 1 o la parte 2. Dado que octubre es el mes rosa y se tratan temas de difusión científica acerca del cáncer más común en mujeres, veamos otra área de este cáncer, esta vez desde el enfoque de la nutrición. ¿Puede tu dieta ayudarte contra el cáncer de mama? La dieta y el estilo de vida es importante, tanto para prevenir cáncer de mama, como para apoyar en el tratamiento y mantener la remisión, si eres sobreviviente de esta terrible patología. Embarquemos en la esfera de la salud nutricional y su correlación con el cáncer de mama.


El cáncer, los genes y el ambiente

El cáncer es una enfermedad compleja y usualmente es multifactorial, lo que significa que más de una pieza debe embonar para formar la enfermedad. La mayoría de los cánceres son esporádicos, es decir, se forman en parte por mala fortuna. Solamente el 10% de los cánceres son heredables. Se trata de aquellos donde heredamos copias mutadas de un gen que propicia la aparición del cáncer. Hoy en día, con estudios genéticos, podemos conocer si tenemos alguno de esos genes mutados asociados al cáncer. Nuestro laboratorio, TrueOnco, lleva a cabo ese tipo de análisis. Sin embargo, aquí debemos considerar la importancia de que a veces los genes no lo son todo. Tener un gen mutado no siempre causa cáncer. Una mujer puede tener el gen BRCA1 mutado y nunca generar cáncer, mientras que otra mujer puede no tener ni un gen mutado y, aun así, desarrollar un cáncer. Esto muestra que el cáncer es una enfermedad multifactorial, donde importa el ambiente. Gran parte de nuestro ambiente es, hasta cierto punto, modificable. Nuestro ambiente es todo lo que nosotros hacemos y lo podemos medir con factores de riesgo. Por ejemplo, asolearse es un factor de riesgo para el cáncer de piel. Nuestro ambiente, nuestros factores de riesgo y nuestros genes son lo que al final causa el desenlace de un cáncer o de nunca padecerlo.


Mujer quemada por el sol

Nuestro ambiente juega un rol importante en el desarrollo del cáncer. Por ejemplo, asolearse frecuentemente o vivir en un país tropical aumenta el riesgo de cáncer de piel.


Factores de riesgo en el cáncer de mama

Existen dos tipos de factores de riesgo, los modificables y los no modificables. Los modificables son aquellos que podemos cambiar nosotros, mientras que los no modificables son imposibles de cambiar, no dependen de nuestra voluntad o albedrío. Primero, te presentaré los factores de riesgo modificables:

  • Terapias hormonales

  • Actividad física

  • Obesidad/sobrepeso

  • Ingesta de alcohol

  • Fumar

  • Vitaminas

  • Exposición a la luz

  • Comida procesada

Todos estos factores los podemos modificar tomando ciertas decisiones que mejoran nuestra salud. Los factores de riesgo no modificables son los siguientes:

  • Ser mujer

  • Nuestros genes

  • Etnia

  • Inicio de la menarquia

  • Inicio de la menopausia

  • Edad

  • Embarazo

  • Lactancia materna

  • Densidad del tejido mamario


La obesidad y el cáncer de mama

Como podrás observar, varios de los factores de riesgo modificables tienen que ver con la dieta y la actividad física. Primero, hablemos del desequilibrio nutricional y de actividad física y después de los nutrientes. Una pobre dieta, aunada con poca actividad física, llevan al sobrepeso u obesidad, en su grado más severo. La obesidad y el sobrepeso son causados cuando al cuerpo le sobra energía. Nuestras células usan los nutrientes que comemos para formar energía en la forma de ATP, que es la molécula energética del cuerpo. Para formar ATP utilizamos azúcares o grasas, las cuales pasan por procesos bioquímicos para terminar en esta molécula. El ATP es el dinero de las células y, como en nuestro mundo, casi todo requiere un pago. Pocas cosas son gratis en el cuerpo y las células deben pagar su ATP para realizar sus actividades diarias. Sin embargo, cuando sobra energía, el cuerpo la guarda porque, tal como en los casinos, el cuerpo, o la casa, nunca pierde. Para guardar energía lo mejor es transformarla en grasa y almacenarla en células especiales llamadas adipocitos.


Los adipocitos llenos de grasa tienen dos cualidades que los vuelven pro cancerígenos. La primera es que actúan como un centro inflamatorio. Conforme se van llenando de grasa, liberan moléculas inflamatorias y llama a células del sistema inmune para acabar de inflamar al cuerpo. La inflamación no es mala, es parte de la inmunidad. No obstante, la inflamación continua pone bajo mucho estrés a las células y las células estresadas tienden a cometer más errores. Los errores celulares vienen en forma de mutaciones. Ciertas mutaciones en genes clave causan que las células se salgan de control y comiencen a crecer y a formar cáncer.

Obesidad y el sistema inmune

Los adipocitos agrandados en la obesidad y sobrepeso llaman al sistema inmune y generan inflamación. Aquí puedes ver que los adipocitos en la obesidad atraen a células inmunes, que ves de color amarillo, naranja, azul y verde.


Por otro lado, los adipocitos con sobrecarga de grasa liberan más de ésta al cuerpo, después de todo hay mucha. Nuestro cuerpo utiliza grasa para varias tareas más allá de únicamente energía, una de ellas es formar hormonas. Existen diferentes grupos de hormonas. Uno de ellos se conoce como hormonas esteroideas. Estas hormonas se forman a partir de la grasa y colesterol. Seguramente conoces algunas de ellas, como la testosterona, la progesterona o el estrógeno. Entonces, debido a que hay más grasa en el cuerpo, los órganos productores de hormonas pueden formar más de ellas. Se ha visto que en su mayoría se termina formando estrógeno. El estrógeno es una hormona potente y que, sin estar regulada, funciona como un cancerígeno. En las mamas, el estrógeno indica a las células que se dividan. Cada división celular conlleva un riesgo porque la célula tiene que copiar una cantidad de información enorme, la información de su ADN, para pasarla a su hija y así formar una nueva célula. Con estrógeno alto y constante, las células se deben dividir rápido y en ese proceso basta un error en copiar el ADN para causar una mutación. Además, recuerda, las células están estresadas porque hay mucha inflamación. Por lo que, la obesidad/sobrepeso, funcionan como un cancerígeno para el cuerpo, especialmente en las mamas.


Nutrientes

No sólo importa el peso, sino los nutrientes que le ofrecemos a nuestro cuerpo. Se han estudiado diferentes alimentos y nutrientes para conocer su asociación con el cáncer de mama, así que veamos algunos de éstos para que los conozcas y puedas adaptar tu dieta un poco.


Grasas

Después de leer sobre los adipocitos puede que ya estés tachando las grasas de tu dieta, pero no lo hagas. Nuestro cuerpo necesita grasa para funcionar, de ellas hacemos hormonas, energía, nuevas células y mantenemos contentas a las neuronas del cerebro, ya que necesitan grasas. Sin embargo, la moderación es vital. También debes saber que existen diferentes tipos de grasa. Las grasas saturadas elevan un poco el riesgo de cáncer. El ácido palmítico, que encuentras en los aceites vegetales, igualmente eleva el riesgo de cáncer. Por otro lado, las grasas de los animales marinos, las frutas y vegetales bajan el riesgo de cáncer de mama. Así que consume grasas con moderación y elige grasas saludables.


Carnes

La carne roja, aunque está ligada a otros tipos de cáncer, no ha demostrado ser una causante particular en el cáncer de mama. A pesar de ello, en mujeres postmenopáusicas eleva un poco el riesgo. Algo que sí se ha observado es que cocinar carnes a altas temperaturas por mucho tiempo forma una molécula llamada amina heterocíclica, que se asocia con un riesgo más elevado de cáncer de mama. Esto ocurre porque la molécula se pega al ADN y lo daña.


Fibra

La fibra no solamente ayuda a ir al baño y evitar hemorroides, también apoya en no generar cáncer de mama. La fibra es material no digerible y no absorbible, el intestino no la puede introducir al cuerpo, se queda como una masa que viaja por el intestino hasta su salida. Esa masa de fibra captura colesterol y estrógeno en el intestino y lo secuestra. Sin estos componentes la cantidad de estrógenos baja en el cuerpo. Por lo tanto, comer una dieta alta en fibra reduce el riesgo de cáncer de mama.


Alcohol

El alcohol es terrible para el cuerpo, en realidad es un veneno que en cuanto entra a nuestro organismo causa que el hígado entre en pánico e intenta destruirlo, es más el hígado detiene otras tareas con tal de deshacerse del alcohol. Por ello no se debe tomar y consumir medicamento, porque el hígado deja de procesar los medicamentos y se dedica sólo a procesar alcohol. El alcohol afecta de tres formas. En primer lugar, aumenta la cantidad de estrógeno. En segundo, interrumpe el ciclo menstrual y lo vuelve más largo, por lo que el cuerpo queda en un estado alto en estrógeno más tiempo. Por último, el hígado, al procesarlo, forma una molécula llamada acetaldehído, la cual es increíblemente tóxica para el organismo y es capaz de dañar al ADN.


Mujer en una granja con un escudo de trigo

Los fitoestrógenos funcionan como un escudo porque cubren a la célula y no dejan que los estrógenos entren a ella.


Fitoestrógenos

Las plantas también tienen estrógenos llamados fitoestrógenos y, aunque suene paradójico, son buenos, ya que reducen el riesgo de cáncer de mama. Estarás algo confundida porque todo este tiempo hemos dicho que demasiado estrógeno es malo. Ahora bien, lo que debes saber es que los fitoestrógenos no son idénticos al estrógeno, son muy parecidos, pero no iguales. Son tan parecidos que se colocan en el lugar donde debería estar el estrógeno para activar a las células, pero no las activa. Es como un escudo contra el estrógeno porque éste no logra pasar a la célula, ya que el espacio está ocupado por el fitoestrógeno.


Vitamina D

La vitamina D es una vitamina que nosotras mismas podemos formar, solamente necesitamos luz solar y la piel comienza a formarla. También la podemos consumir en alimentos fortificados, suplementos vitamínicos o productos lácteos. La vitamina D es muy noble y reduce el riesgo de cáncer de mama, ya que, a diferencia del estrógeno, detiene la división celular en la mama. Asimismo, tiene la nobleza de inducir el suicidio celular en células cancerígenas en un proceso conocido como apoptosis. Incluso, reduce la inflamación y eso le quita estrés a las células. No sólo eso, se ha visto que frena la metástasis al quitarle ciertas propiedades a los tumores malignos. Consume alimentos lácteos para conseguir vitamina D y date un paseo, con 20 minutos de sol tendrás suficiente, no es necesario quemarse. Además, genera huesos fuertes y ayuda contra la osteoporosis.


Hierro

El hierro en sí no es malo, lo necesitamos para nuestra sangre. Sin embargo, una sobrecarga de hierro por consumir demasiada carne o suplementos predispone al desarrollo de tumores. Esto ocurre porque el hierro suelto, no pegado a una proteína, ataca al ADN de las células. Si no tienes una anemia o un requerimiento médico o nutricional, no consumas suplementos de hierro.


Frutas y verduras

Ya vimos un poco de ellas, dan fibra, fitoestrógeno y grasas buenas. Además de ello, contienen antioxidantes, que ayudan a la reparación del ADN y a quitarle estrés a las células. Así mismo, bajan los niveles de inflamación, cosa que baja el riesgo de padecer cáncer.


Té verde

Nuestro último alimento y, tal vez, el más sorpresivo, es el té verde, el cual reduce el riesgo de cáncer e incluso se puede utilizar como un coadyuvante en el tratamiento del cáncer de mama. ¡Ojo!, como ayudante, no como único tratamiento. El té verde contiene una molécula con nombre difícil, conocida como galato de epigalocatequina 3, que detiene la división celular de tumores. También induce la apoptosis (suicidio celular) de células cancerígenas. Por último, baja los niveles de inflamación, lo que a su vez baja el estrés de las células.


Mujer asiática bebiendo té verde

El té verde es prometedor como ayudante en el tratamiento del cáncer de mama, así como en la prevención, gracias a la molécula galato de epigalocatequina 3, que frena el crecimiento de tumores y desinflama.


Ahora sabes que el peso y la dieta ayudan en el tratamiento del cáncer, pero no sólo en eso, también apoyan en la prevención. Es sobre todo importante si sabes que tienes un riesgo, especialmente si sabes que tienes uno de los genes mutados asociados al cáncer. TrueOnco puede ayudarte con diagnósticos genéticos para conocer esos genes y tengas la oportunidad de acudir con un nutricionista y médico para formar planes de acción y cuidar especialmente la dieta y el peso y disminuir el riesgo de padecer cáncer.


Referencias


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