Síndrome del conducto mülleriano persistente: varones que nacen con útero y trompas de Falopio

¿Sabías que existe una rara condición genética que causa que un varón tenga útero y trompas de Falopio?
El síndrome del conducto mülleriano persistente es una interesante anomalía del desarrollo sexual. Verás, un feto no inicia con órganos femeninos o masculinos, sino que posee ambos sistemas reproductores o, más bien, ambas posibilidades. Al comienzo, un feto cuenta con los conductos de Müller y los conductos de Wolff. Los primeros se transforman en las trompas de Falopio, el útero y una parte de la vagina, mientras que los últimos forman el epidídimo, los conductos deferentes y las glándulas seminales. Las gónadas son similares, son bipotenciales, es decir, pueden transformarse en testículos u ovarios. Es a través de instrucciones genéticas y hormonales que, eventualmente, se elimina uno de los conductos, dejando solo el masculino o femenino, y las gónadas se masculinizan o no lo hacen.
En Nanolab, te invitamos a explorar cómo un feto desarrolla su sexo biológico y cómo una mutación genética puede dar lugar a un hombre con útero y trompas de Falopio.
El gen SRY y la masculinización
¿Cómo sabe el feto su sexo biológico?
La gran mayoría señalaría a los cromosomas sexuales: si un bebé tiene cromosomas XX, es niña y si es XY, es niño. Si bien es una respuesta correcta, también se trata de una respuesta incompleta. El cromosoma que determina el sexo biológico es el cromosoma Y. En realidad, un niño puede tener dos cromosomas X y uno Y (XXY) (síndrome de Klinefelter) y aun así desarrollarse como un varón. Pero, ¿qué tiene este cromosoma para lograr tal cosa?
Aunque el cromosoma Y es el más pequeño de los cromosomas humanos, tiene la capacidad de masculinizar al organismo gracias a un gen llamado SRY. Este gen le indica a las células de las gónadas bipotenciales que se vuelvan células testiculares. Una vez que las gónadas bipotenciales comienzan a transformarse en testículos, se activan nuevos genes para iniciar la producción de las hormonas androgénicas: testosterona, dihidrotestosterona y hormona antimülleriana.
Las hormonas androgénicas y el desarrollo
La testosterona provoca que los conductos de Wolff se vuelvan el epidídimo —la parte del testículo que guarda los espermatozoides—, los conductos deferentes —conectan el epidídimo con la vesícula seminal— y la vesícula seminal —produce parte del semen—. Por su lado, la dihidrotestosterona, que es mucho más potente que la testosterona, tiene la capacidad de virilizar los genitales externos. Gracias a esta hormona se forma el escroto, en lugar de los labios mayores, y el pene, en vez del clítoris. Finalmente, la hormona antimülleriana se encarga de eliminar los conductos de Müller para que no se puedan formar los órganos reproductores femeninos internos.

Las instrucciones pueden fallar
Parece bastante simple cómo un bebé se vuelve niño, ¿no? El cromosoma Y tiene al gen SRY y este gen activa otros genes que producen hormonas androgénicas. Aunque esto suena sencillo, no lo es.
Solo para formar la testosterona se requiere de un mínimo de cinco enzimas y sus respectivos cinco genes. Para formular la dihidrotestosterona se necesitan seis genes. Incluso si se forman las hormonas, estas deben unirse a un receptor celular para activar sus mecanismos y, claro, cada receptor necesita de mínimamente un gen. Así que para formar el sexo biológico se requieren muchos genes funcionando correctamente.
Los genes son instrucciones que las células saben leer y, como cualquier instrucción, puede ser incorrecta o no seguirse. Las mutaciones alteran la información que contienen los genes y pueden hacer que una instrucción no sea funcional.
Imagina una receta para galletas con chispas de chocolate. Si te dan una receta indicando que agregues pasas en lugar de las chispas de chocolate, no importa cómo se llame la receta ni que la sigas correctamente; jamás obtendrás galletas de chispas de chocolate, siempre terminarás horneando galletas con pasas. Lo mismo puede pasar con los genes. Puede existir el gen de la testosterona, pero si la instrucción es errónea, la célula jamás podrá producirla.
El síndrome del conducto mülleriano persistente y su genética
¿Cómo puede un varón terminar con genitales masculinos, pero también con útero y trompas de Falopio? La respuesta está en los genes y las hormonas.
En el caso del síndrome del conducto mülleriano persistente, el gen SRY es normal, ya que se forman los testículos. Los genes necesarios para producir la testosterona y la dihidrotestosterona también son correctos, ya que se forman los genitales masculinos externos y los órganos reproductores internos. Por lo tanto, el gen alterado debe estar relacionado con la hormona antimülleriana.
La hormona antimülleriana actúa sobre los conductos de Müller. Cuando se une a su receptor, induce la apoptosis, un proceso de muerte celular programada que muchas veces se describe como suicidio celular. De esta manera, los conductos müllerianos se borran, evitando que puedan seguir desarrollándose. Sin embargo, la mutación del gen de la hormona antimülleriana o de sus receptores detiene este proceso, ya que las células no reciben la señal de apoptosis. Dado que los conductos müllerianos permanecen intactos, continúan su desarrollo, dando lugar a un varón con cromosomas XY, órganos reproductores masculinos, que además presenta útero y trompas de Falopio.

Síntomas del síndrome del conducto mülleriano persistente
El síndrome del conducto mülleriano persistente rara vez pasa inadvertido gracias a un síntoma muy visible. Los padres y el personal médico notarán que uno o ambos testículos no están en la bolsa escrotal. Esto se conoce como criptorquidia y se debe a que los testículos no descienden a su posición anatómica normal.
Durante el desarrollo embrionario, las gónadas bipotenciales se encuentran cerca de los riñones, en el abdomen-pelvis. Si el bebé se desarrolla como niña, las gónadas se vuelven ovarios y no abandonan estos espacios. Sin embargo, si un bebé se desarrolla como niño, los testículos deben descender hasta el escroto.
Los testículos de los bebés con síndrome del conducto mülleriano persistente se quedan a mitad del camino y no terminan de descender. Curiosamente, suelen terminar en lo que se conoce como posición ovárica, es decir, se encuentran en el lugar donde terminarían los ovarios, cerca de las trompas de Falopio.
En otras ocasiones, puede que uno de los testículos descienda y el otro no. En casos excepcionales, ambos testículos, junto con el útero y las trompas de Falopio, pueden bajar hasta una de las bolsas escrotales. No obstante, lo más frecuente es que ambos testículos terminen en el abdomen.
Es vital descender los testículos
Cuando los testículos no descienden, el personal médico debe revisar dónde se encuentran mediante un ultrasonido o una laparoscopía exploratoria. Durante estas pruebas, notarán que los testículos están en el abdomen acompañados por unos órganos sobrantes, un útero y unas trompas de Falopio.
Es fundamental hacer descender los testículos al escroto por dos razones. La primera es que los testículos no toleran la temperatura corporal. Si pasan demasiado tiempo dentro del abdomen, se atrofian y dejan de funcionar, causando infertilidad. Su posición en el escroto les permite estar un par de grados centígrados más frescos, evitando que se dañen. La segunda razón es que, si se quedan a 36-37 grados centígrados, tienen mayor probabilidad de desarrollar un seminoma, una clase de cáncer.

¿Cómo se tratan los órganos reproductores femeninos en el síndrome de conducto mülleriano persistente?
Una pregunta que suele tener la familia es qué se hace con el útero y las trompas de Falopio. La respuesta es un poco compleja porque varía según el sistema de salud y la posición de los órganos.
Algunos médicos abogan por que lo más seguro es simplemente dejarlos. De esta manera, el bebé se ahorra una cirugía más compleja. Además, muchas veces no se pueden quitar, dado que los vasos sanguíneos que transportan sangre a los testículos están altamente relacionados con el par de órganos y eliminarlos puede poner en riesgo a las gónadas.
La desventaja de dejar el útero y las trompas de Falopio es que los niños y hombres deben realizarse una vez por año un ultrasonido. Esto se debe a que las estructuras müllerianas en un varón tienen mayor probabilidad de desarrollar cáncer.
Otros médicos prefieren extirpar algunas partes del útero y las trompas de Falopio, especialmente si impiden el paso del testículo al escroto. Esto se hace porque la preocupación inicial es salvar los testículos. Finalmente, otros médicos prefieren quitar por completo el útero y las trompas de Falopio para reducir el riesgo de desarrollar cáncer.
¿Cuál es la mejor opción? Lo decidirá el equipo médico junto con la familia, evaluando los riesgos y beneficios.
¿Pueden menstruar los niños con síndrome de conducto mülleriano persistente?
Se trata de otra pregunta común y la respuesta es no. Aunque un niño tenga útero, este no es funcional. Sin los ovarios no hay suficientes hormonas femeninas para llevar a cabo un ciclo menstrual.
Pruebas genéticas para el síndrome de conducto mülleriano persistente
El síndrome de conducto mülleriano persistente se diagnostica mediante la presencia del útero y trompas de Falopio en un varón. Sin embargo, se requieren algunas pruebas genéticas para dar un diagnóstico preciso.
La primera prueba necesaria es un cariotipo. Este análisis permite evaluar si los cromosomas sexuales concuerdan con los genitales. Si el cariotipo demuestra la presencia del cromosoma Y, se secuencian los genes AMH y AMHR2. Este estudio le indica al genetista y a la familia qué gen presenta una mutación. Si el gen AMH está mutado, no se produce la hormona antimülleriana. Por otro lado, si el gen AMHR2 es mutante, sí se produce la hormona, pero las células son incapaces de percibirla.

En Nanolab, realizamos cariotipos y somos expertos en secuenciación genética. Con nosotros no solo contarás con pruebas genéticas de última generación, sino también con un equipo conformado por médicos y genetistas que te apoyarán a lo largo de todo el proceso, cuidándote y explicándote todo lo que necesitas saber.
Entendemos que las condiciones genéticas que afectan el desarrollo sexual estresan y preocupan mucho a los padres. En Nanolab, no solo estamos para darte un diagnóstico certero, sino para apoyarte a encontrar las mejores soluciones para tu caso particular.
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